Hoy quiero contarles algo que me sucedió un domingo, hace unos meses.
Me sentía cabizbaja (down) y muy triste porque, después de pensar que ya estaba bien de salud, volví a recaer.
Aun así, comencé a alabar a Papá Dios. Mientras cantaba, cerraba los ojos y me preguntaba si Él me estaba viendo. Volví a preguntárselo y luego le dije:
"Estoy cantando para Ti, pero siento que no me escuchas."
En ese momento, las lágrimas corrían por mis mejillas. Quería llamar Su atención como una niña pequeña busca la de su papá.
Sin darme cuenta, una hermana en Cristo me vio y me abrazó.
Ella me susurró al oído:
"Dios está viendo cómo le cantas y Él está contento contigo."
La hermana Sam me abrazó fuerte y, por un instante, sentí como si Papá Dios mismo me estuviera abrazando.
Con ese momento confirmé que Papá Dios ha estado conmigo en todo tiempo y que, de verdad, me ve.
Le doy gracias a Papá Dios por usar a la hermana Sam para recordarme que Él escucha, ve y responde, aun cuando mi corazón piensa lo contrario.
Nada, mi gente linda... solo quería compartir con ustedes esta anécdota tan hermosa que viví en la iglesia.
Toda la gloria sea para Dios.
Andry Vilorio
08/27/2026
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