Siento curiosidad al mirarte los labios.
Me pregunto… ¿a qué sabrán tus besos?
Siempre imagino que tienen sabor a fresa o a miel.
Por alguna razón, no puedo dejar de mirarlos.
Luego vuelvo a la realidad
y me doy cuenta de lo odioso que eres…
y se me pasa.
Eres tal como te imaginé,
como te soñé…
Al menos no eres desabrido como un pepino.
A veces te veo tan apuesto y fuerte
que me entra la curiosidad,
y pienso:
¿y si le pido que me abrace un poco más,
para ver si me derrito como chocolate?
Luego vuelvo a la realidad
y veo que sales corriendo
como si fueras a un maratón…
y se me pasa.
¡Ay! No lo soporto.
Tengo una lucha interna
entre hacerte caso o no,
y este caos es todos los días.
¡Qué drama!
Y no cualquier drama…
¡uno coreano!
Y yo en esto, a mi edad… ¡já!
Esos ojos… je, je, je…
¡Ay, Chichi!
Me muero cuando los veo de cerca,
aunque finjo mirar para otro lado
porque me da calor.
Luego vuelvo a la realidad…
y se me pasa
cuando pasas tres mil veces por mi lado
y finges que no me ves.
A veces me caes gordo.
Pero con el tiempo
te he tomado cariño.
Y al final…
lo importante es que nunca lo sabrás.
Porque este secreto…
conmigo se irá.
Andry Vilorio
04/02/2026


