Me encantó este retiro familiar. Cada año supera al anterior. Cada experiencia enriquecedora transforma el corazón, la mente, el alma y el cuerpo.
Como cada año, voy acompañada de mi segundo amor, mi bella madre, Angela. ¡Sí, señores! ¡Doña Mami! ❤️
Doña Mami dijo que cada año Papá Dios nos sorprende porque, gracias a Él, nuestros pastores y todo el equipo organizador tiran la casa por la ventana.
Esta es una experiencia que te quebranta, te llena de humildad y, al mismo tiempo, te fortalece como familia. Te une de tal manera que llegas a sentir un amor tan especial que no puedes negar lo maravilloso que es Papá Dios.
Este año hubo varias cosas que me marcaron profundamente.
Una de ellas fue un baile hermoso con la canción titulada «Dios de generaciones», donde se podían observar las diferentes generaciones que forman parte de nuestra iglesia, tanto las que sirven como las que asisten. El simple hecho de ver a los padres junto a sus hijos tocó una fibra muy profunda de mi corazón.
Otro momento que me impactó bastante fue un video donde una madre cuidaba de su hija y, luego, cuando llegó el momento de que la hija cuidara de su madre, le hablaba de mala manera.
Aquello me produjo mucha tristeza porque, lamentablemente, hoy en día muchos adultos mayores reciben malos tratos.
Creo que mi corazón sintió ese dolor porque recordé a papá Don Marino, mi abuelo.
Cuando él estaba vivo, yo hacía hasta lo imposible por tratarlo con cariño, amor y respeto. Hasta le hacía videos bailando y cantando para animarlo a comer, ya que había desarrollado disfagia y alimentarse se había convertido en algo muy difícil para él y para nosotros.
También hacía todo lo posible para que no se deprimiera. Incluso llegué a arriesgar mi trabajo para viajar cada diciembre a cuidarlo.
Fue precisamente papá Don Marino quien me inspiró a trabajar en el campo del cuidado a largo plazo.
En aquel entonces, en República Dominicana no existían los servicios de cuidadoras del hogar como los que ahora están comenzando a introducirse. Por eso, cuidar de él fue una experiencia que me enseñó muchísimo sobre el amor, la paciencia y la responsabilidad hacia nuestros adultos mayores.
El amor también se demuestra sirviendo
Por último, uno de los momentos que más me marcó fue el lavatorio de los pies.
Nunca imaginé cuánto podía conmoverme un acto tan sencillo como lavar los hermosos pies de mi Doña Mami.
No es que me moleste servirle, porque siempre lo hago con muchísimo amor y, gracias a Dios, no me pesa. Pero aquella experiencia tuvo un significado completamente diferente.
Mientras lavaba sus pies, mi madre lloraba y yo le hablaba desde lo más profundo de mi corazón.
Le dije cuánto la amo. Le pedí que me perdonara si alguna vez había cometido alguna negligencia, si le había fallado o si, de una manera u otra, le había faltado.
También le dije que seguiría orando para que el Señor le concediera vida y salud. Y le pedí a Papá Dios que también me diera salud a mí, para poder continuar a su lado, acompañándola y sirviéndole con amor.
Finalmente, besé ambos pies de mi madre.
¡Qué momento tan profundo!
Y pensar que alguien mucho más grande que yo lo hizo primero: Jesús.
Nuestro Señor y Maestro se humilló para lavar los pies de sus discípulos. Y allí estaba yo, haciendo lo mismo por mi madre, comprendiendo de una manera diferente lo que significa amar, perdonar y servir con humildad.
Creo que cada año Papá Dios me enseña a valorar más los tesoros que tengo.
Este retiro me recordó que los tesoros más grandes no son materiales. Son las personas que amamos, los recuerdos que llevamos en el corazón y las oportunidades que Dios nos regala para demostrar nuestro amor mientras todavía podemos hacerlo.
Porque amar no es solamente decir «te amo», sino también demostrarlo con nuestras acciones, con humildad y con un corazón dispuesto a servir.
Andry Vilorio
10/15/2026