He visto manos alzadas
pidiendo sanidad,
trabajo, consuelo,
milagros que restauran lo visible.
Pero hoy, Señor,
mi oración es distinta…
¿Se puede pedir
que arranques un nombre del alma?
¿Que apagues un fuego
que una vez encendiste en silencio?
Porque hubo un tiempo
en que bastaba una mirada,
un roce,
un abrazo breve
para que todo mi interior ardiera
como llama viva.
Y ahora…
no sé qué queda.
Tal vez el eco
de lo que nunca fue,
o el susurro cansado
de una esperanza que se apaga.
Tanta espera,
tantas voces en contra,
y una verdad
que ya fue dicha sin rodeos:
yo no era su elección.
¿cómo luchar
contra una puerta cerrada?
Así que vengo a Ti, Señor,
no a pedir que lo cambies a él,
sino que me sanes a mí.
Arranca con dulzura
lo que aún se aferra,
desata mi corazón
de este amor sin destino.
Ayúdame a soltar
al príncipe que imaginé,
a despedirme
sin rencor,
sin ruido,
sin romperme más.
Y si alguna vez
él supiera que lo quise…
que sea el cielo quien lo guarde.
Porque hoy,
entre lágrimas y fe,
elijo despertar.
Y aunque duela,
confío…
en que Tú tienes algo mejor para mí.
Andry Vilorio
04/01/2026